385 Grados
Opinión

El gobierno no debe ser rehén de grupos antagónicos que intenten destruir la armonía

*Una bala mata a un hombre. Una idea revolucionaria despierta a cientos o miles de personas: Raúl Álvarez Garín, del Consejo Nacional de Huelga, 1968.

385 Grados / OPINIÓN / Anel FLORES / El pasado 8 de marzo, pudimos observar como miles de mujeres en todo el país exigieron a los gobiernos estatales y al federal el fin de la más grave crisis de violencia de género que han sufrido por décadas.

Durante los últimos años, millones de mexicanas han roto el silencio sobre la intimidación que las aqueja y con inteligencia han logrado influir en la opinión pública, se han insertado en la agenda política y sus propuestas se encuentran presentes en los medios de comunicación.

Grupos de mujeres, y colectivos de féminas a través de la protesta social organizada, han sensibilizado a las autoridades sobre los actos violentos que les ha tocado vivir y de las vejaciones de las que son objeto sin que muchas de las ocasiones se les ponga atención o se les brinde ayuda.

Sin lugar a dudas estos últimos años hemos sido testigos del tsunami de mujeres que han luchado ante los gobiernos para exigirles un alto total a la violencia, la opresión, y la discriminación.

Y su lucha no ha sido en vano pues ha tenido resultados.

Por ejemplo, en esta semana la gobernadora del Estado, Lorena Cuéllar Cisneros, giró instrucciones para que el titular del Instituto Tlaxcalteca de la Juventud se separara del cargo y enfrente la acusación de una mujer que lo acusa de abuso sexual, situación que en gobiernos jamás hubiera sucedido.

También vimos cómo el 8 de marzo en la manifestación de mujeres el gobierno de Tlaxcala fue prudente y tolerante cuando un grupo de féminas pintó, rompió vidrios, y desafió a la autoridad; la orden fue no lastimar a ninguna mujer, pero sí dispersarlas, pues no puede permitir la anarquía.

Y es aquí donde debemos poner un alto y analizar como ciudadanos qué es lo que apoyamos.

Lo menciono porque tras la marcha decenas de videos fueron subidos a las redes sociales y muchos ciudadanos expresaron su apoyo a conductas agresivas con el pretexto de que es mejor un “muro pintado, pues ese se lava, pero la sangre no”.

Sin embargo, nos preguntamos cuál es la línea que divide la protesta social legítima y el vandalismo disfrazado de libertad de expresión.

El derecho a la libertad de expresión y asociación constituyen las piedras angulares, y los cimientos que son indispensables en una sociedad que se considere democrática.

Pero estos derechos, como el de la manifestación pública y pacífica consagrados en nuestra Constitución suponen el respeto a otros.

Por ejemplo, la manifestación es válida y está garantizada siempre y cuando también se garantice el orden público. Las autoridades deben facilitar el derecho a la libertad de expresión, pero sin que esta afecte el modo de vida del resto de la comunidad.

El gobierno también no puede ser rehén de grupos de choque que intenten desestabilizar la paz que todos los ciudadanos deseamos. La autoridad encargada del orden está en todo su derecho de tomar las medidas necesarias para prevenir conductas delictivas.

Ayer, al final de la inauguración de la Oficina de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos la gobernadora del Estado, Lorena Cuéllar Cisneros, en entrevista colectiva nuevamente volvió a extender la invitación a todos los grupos de mujeres y colectivos feministas que quieran dialogar y coadyuvar para hacer de Tlaxcala un lugar seguro para todas.

La convocatoria ahí está y seguramente la mayoría de los grupos feministas que existen en Tlaxcala le tomarán la palabra y juntas encontrarán soluciones para que le vaya bien al sector femenino.

Lo que, si ya no se debe permitir, es que grupos ajenos y que solo buscan la confrontación, desestabilicen por capricho la paz que hemos conseguido y forjado por años los tlaxcaltecas.

Roberto Gargarella, jurista argentino sostiene que “no hay democracia sin protesta, sin posibilidad de disentir, de expresar las demandas; sin protesta la democracia no puede subsistir, pero ésta debe ser apegada a derecho y sin violencia, pues esto no lleva a la solución de los problemas por el contrario los agrava”…estamos de acuerdo.

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