385 Grados
Opinión

El falso debate

385 Grados / Adriana Dávila Fernández / Diputada Federal / Desde el inicio de esta legislatura, la práctica parlamentaria ha dejado de ser un espacio de discusiones de altura. Ya es una constante de la Cámara de Diputados ser “una vaporera”, encabezada por Morena y sus aliados, que dictamina y aprueba, al vapor, reformas y ordenamientos jurídicos a “contentillo presidencial”, sin el mayor rigor técnico y jurídico que exigen los temas nacionales.

Un “deseo” más vio cumplido el inquilino de Palacio Nacional con la Ley de Seguridad Nacional, aprobada la semana pasada por la mayoría legislativa, la cual, sin duda alguna, no solo repercutirá en lo que respecta a la seguridad interna del país, sino también en las relaciones de cooperación internacional, porque quebranta la lógica a través de la cual se han desarrollado tratados e instrumentos de asistencia multilateral que deben ser cumplidos, ya que las tareas de seguridad nacional que prevalecen en el mundo implican la colaboración de los países entre sí.

Existen convenios de cooperación internacional que no pueden ni deben ignorarse. Por ejemplo, la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, firmada en el año 2000, es uno de los instrumentos legales que han servido para la vinculación entre las naciones en la lucha de un problema común que ha trascendido fronteras. La delincuencia organizada, el narcotráfico, el lavado de dinero, el terrorismo y el tráfico de armas son problemas trasnacionales y de impacto multilateral.

La reforma aprobada lastimará, todavía más, la confianza de inversionistas, flujos turísticos y comerciales, porque las empresas extranjeras de todas las naciones que invierten en México tendrán incertidumbre con respecto a la seguridad que recibirán sus gerentes, empleados e instalaciones. Esto significa que los cambios propuestos tendrán efectos no solo en temas de seguridad, sinotambién implicaciones en materia de comercio, inversión, economía y migración.

Por elemental cortesía diplomática, no se pueden proponer soluciones unilaterales a problemas internacionales que requieren cooperación. Y menos se deben impulsar reformas de esta naturaleza sin considerar la opinión de expertos.

Se pretende regular la presencia y participación de agentes extranjeros desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, la cual concentrará todo el poder, lo que debilitará instituciones y vulnerará principios de colaboración internacional. Preocupa este nuevo intento para que los gobiernos estatales y municipales se subordinen al gobierno federal.

Además, el planteamiento de anular los convenios internacionales, quitar inmunidad diplomática a los agentes extranjeros y juzgarlos en tribunales mexicanos generará conflictos internacionales con graves consecuencias para el país, desprestigio monumental a enfrentar en nombre de la falsa soberanía, pues para defenderla, hacen falta hechos, no solamente palabras.

Los procesos de análisis, revisión y mejora de los instrumentos de colaboración deben ser permanentes entre los países firmantes. México no puede aislarse de los esfuerzos internacionales para dar la batalla en esta materia, porque se compromete nuestra seguridad.

Lo cierto es que se votó por una ley inconsistente, sin reflexión ni dimensión de las posibles repercusiones que se tendrán, llena de lagunas y limitaciones. No son aceptables las «justificaciones políticas» ni “las lealtades ciegas” y menos las simulaciones.

Si Morena y sus aliados han olvidado, o de plano perdieron la responsabilidad legislativa, por seguir la voz del patriarca, desde la oposición señalaremos los equívocos con argumentos. No debemos permitir que se arriesguen los convenios internacionales en materia de seguridad nacional, con falsos debates que en nada abonan a fortalecernos como nación.

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