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Opinión

Opinión…El otro debate… el más importante con Abelardo Carro Nava

 

Así es mi estimado lector; en esta ocasión, aunque pareciera que el tema como tal a estas alturas de la semana causa hartazgo, permítame distraerlo de sus finas atenciones para referirme a un debate que, desde mi punto de vista, es más importante que el que el pasado domingo observamos a través de la televisión o redes sociales. Me refiero pues, al debate que cada uno de los mexicanos tenemos a diario con nosotros mismos y con nuestros iguales.

¡Qué si el dinero no alcanza!, ¡qué si el salario mínimo es una miseria!, ¡qué si la canasta básica está al alza!, ¡qué si a la vecina la asaltaron!, ¡qué si otra vez asesinaron a jóvenes estudiantes en alguna parte del país!, ¡qué si Peña Nieto ha tenido un pésimo gobierno!, ¡qué si Carlos de Salinas está detrás de todo ello! Exclamaciones y más exclamaciones, que son parte de nuestro diario pensar y de nuestro diario intercambio de ideas y expresiones y, déjeme decirle, todas ellas llevan cierto grado de veracidad, cierto grado de incredulidad, cierto grado de tristeza y desesperanza.

Sí, del debate que pudimos observar en los televisores el pasado domingo de los candidatos a ocupar la silla grande de la República, podemos concluir que fue un verdadero fiasco; éste provocó en buena parte de la población, lo que es evidente en nuestro México: el desencanto total y absoluto de los mexicanos, o de la mayoría de éstos, hacia la política mexicana y hacia los políticos mexicanos. Y refiero, tal vez con cierta sutileza, la palabra desencanto, porque es obvio que los que habitamos esta bella tierra – pienso tal vez que son o somos mayoría –, está harta de escuchar hasta el hartazgo (valga la redundancia), las mismas palabras: ¡Ahora si tendremos mayores y mejores empleos!, ¡por fin se acabará la delincuencia!, ¡los corruptos se irán a la cárcel y hasta les cortaremos una mano!, ¡al fin seremos una potencia mundial!, ¡viviremos mejor, en un país democrático, más justo, más libre!, ¡ahora si habrá dinero en los bolsillos de todos!, ¡por fin daremos un golpe al narcotráfico!, ¡los pobres dejarán de serlo y los corruptos ya no serán los nuevos ricos!

Sí, promesas y más promesas. Las mismas de siempre, las mismas de toda la vida. ¿Y el pueblo? ¡Jodidamente jodido! No hay más no hay menos; es una realidad que, aunque duela, lastime o hiera; tenemos que comprenderla, tenemos que sobrellevarla, tenemos que vivirla. Sí, los millones y millones de mexicanos que a diario se levantan con el deseo de que hoy les vaya mejor, de que hoy por fin encuentren empleo o de que, al menos, sus penas sean menos, existen, son reales, de carne y hueso.

Sí, hoy día existen más de 53 millones de pobres en México; sí, hoy día se han incrementado las desapariciones forzadas; sí, hoy día han aumentado el número de asesinatos dolosos; sí, hoy día se cometen más feminicidios de los que en algún momento, no muy alejado por cierto, se cometían; sí, hoy día se percibe mayor desesperanza en el pueblo; sí, hoy día se siente más dolor en cientos de familias mexicanas; sí, hoy día hay un poco más de todo. ¿Y el gobierno? ¡Jodidamente jodido!

Sí, ese es el verdadero debate que vale la pena retomar en estos momentos. Ese es el debate que verdaderamente importa y no el que se pregona por los candidatos y los partidos políticos a los cuatro vientos. Ese es el diálogo que constantemente establecemos con nosotros mismos o con nuestros iguales; ese es el diálogo que debería tomarse en cuenta: ¿Cómo le haré para alargar mi quincena?, ¿cómo le haré para pagar la escuela de mi hija?, ¿cómo le haré para completar el gasto de la casa?, ¿qué es lo que tengo que hacer para que a mis hijos no les pase algo malo?, ¿cómo cuidaré lo que con tanto trabajo he conseguido en estos años?, ¿cómo cuidaré a mis padres y abuelos si sus seguros médicos ni su pensiones son suficientes para atender sus males?… ¿cómo? Esa es la pregunta y esa es la respuesta.

Que curioso, mientras todos los políticos y los partidos políticos fingen rasgarse las vestiduras asegurando bienestar para los mexicanos; tres estudiantes son asesinados en alguna parte de México. Que irrisorio, mientras esos mismos candidatos y sus respectivos partidos políticos hablan de justicia y la impartición de ésta, siguen sin aparecer los 43 estudiantes de Ayotizinapa, Gro. Que irónico, mientras esos candidatos y los partidos políticos que los impulsan, hablan de un apoyo a las mujeres, decenas de éstas son víctimas del machismo desmedido hasta llegar a ser feminicidio. Que curioso, mientras esos candidatos y sus partidos políticos fijan una postura con relación a la diversidad sexual, en México siguen siendo lastimados y vulnerados los derechos de los mexicanos cuya ideología es diferente a la que poseemos.

Sí, todo eso es curioso, irrisorio e irónico. Sí, este es el otro debate que muy pocas veces se toma en cuenta porque lastimosamente, somos ese diálogo. Un diálogo que no encuentra cabida en los políticos, en los candidatos y en los partidos políticos. Un diálogo que no importa porque llegar al poder es más relevante que escuchar lo que se necesita, lo que se requiere, lo que se demanda. Un diálogo que, simplemente y para efectos prácticos, no es el de la clase política sino el de millones y millones de mexicanos.

¡Qué jodidamente jodido está el sistema político! Sí, ese es el debate, y lo podemos constatar a diario; en los medios, en las calles, en el pueblo.

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