385 Grados
Opinión

Apuntes… Domingo Arenas

385 Grados / Tlaxcala / Claudio Cirio Romero / En 2008, el Doctor en Sociología, Mario Ramírez Rancaño, tlaxcalteca de origen, me dedicó mi ejemplar de La revolución en los volcanes. Domingo y Cirilo Arenas (UNAM, 1995), luego de que grabamos un programa de radio, si no mal recuerdo con el maestro Luis Pérez Cruz, en Radio UAT.

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Me escribió: “Nos une el arenismo. No hay que ceder”.
Documentado en él, había escrito, allá por 1996, para Voz Universitaria un pequeño artículo que titulé “El zapatismo de Domingo Arenas”. Ya para entonces el espíritu revolucionario, no sólo de Domingo sino también el de su hermano y heredero de lucha Cirilo, había invadido mi pensamiento.
Espíritu reavivado ayer que se han cumplido cien años del asesinato del manco Arenas y un día antes que he asistido a la exposición “Domingo Arenas a través de los documentos 1917-2017”, en el Museo de la Memoria de Tlaxcala, bien dirigido por mi amigo el Antropólogo Juan Carlos Ramos Mora, me ha revivido mi bibliofilia y he adquirido la “Edición ´Conmemorativa” del libro mencionado, editado por el gobierno del estado en 2010, así como Los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata a la División Arenas y los pueblos tlaxcaltecas (2008).
Conmemorar ese nefastoacontecimiento merece, sí, trabajos como el de la exposición mencionada arriba o el libro (que espero conocer pronto) de Rafael García Sánchez, Domingo Arenas, cien años, cien páginas, no así actos festivos como el desfile organizado por el Ayuntamiento de Zacatelco, lugar de origen del revolucionario.

Porque un aniversario luctuoso no puede ser festivo, sino conmemorativo, es decir de ejercicios de reflexión que permitan traer a la memoria lo acontecido. En este caso el asesinato, por zapatistas poblanos, del más emblemático agrarista tlaxcalteca, gracias a cuya lucha con las armas y en la política, gente humilde logró recibir un pedazo de tierra para cultivarla.
Así es que la conmemoración de este centenario tendría que haber partido de la siguiente pregunta: ¿Qué ocurrió el 30 de agosto de 1917 con Domingo Arenas?
Ramírez Rancaño lo narra en el apartado que titula “Los zapatistas asesinan a Domingo Arenas”, de la página 155 a la 169 de su loable libro ya citado. Hago un apretado resumen de esas catorce páginas.
Emiliano Zapata, “…dictó la orden de asesinar a Domingo Arenas…” afirma categóricamente el estudioso. “El jefe del Ejército Libertador del Sur había montado un plan para asesinarlo.” Y los ejecutores serían Gildardo Magaña y Fortino Ayaquica. Le habían tendido una celada en la hacienda de Huexocoapan, donde el tlaxcalteca les había aceptado una conferencia en la que supuestamente los zapatistas de la región, comandados por Ayaquica, se rendirían al gobierno de Carranza.
Ello ocurrió alrededor del mediodía y al despedirse de Gildardo Magaña, escribe Mario Ramírez Rancaño, éste “…le retuvo la mano en forma intencional y rápidamente sacó el puñal que previamente había afilado y se lo hundió en el estómago. Herido de muerte Arenas pudo zafarse de su agresor y utilizar la pistola que portaba para amedrentar a sus agresores y poder replegarse hacia el lugar en que estaban los suyos, todo ello tropezando y sangrando abundantemente. Al mismo tiempo los jefes y oficiales zapatistas hacían nutridas descargas sobre los miembros de la comitiva de Arenas. A un soldado zapatista se le embutó el rifle 30-30 pero de inmediato utilizó una carabina para asestarle fuertes golpes a Domingo Arenas en el brazo derecho, destrozándoselo. Gildardo Magaña se acercó nuevamente a Arenas y le propinó otra batería de puñaladas a mansalva. Esto aunado a las múltiples descargas de armas de alto calibre de sus correligionarios lo dejó moribundo.”
Al lado de Arenas murieron “el coronel Eduardo Rayón, los mayores Aguilar y Román Tlapalcoyoa, el capitán primero Eduardo Arauz y otros dos cuyos nombres se ignoran.” A estos valeros hombres también se les debiera homenajear.
El cuerpo de Arenas fue vejado, le cortaron la cabeza, lo tiraron a un barranco, le extrajeron los intestinos, se lo habrían llevado a Zapata y finalmente lo colgaron de un árbol con la leyenda “Así pagan los traidores”.
Eso ocurrió el 30 de agosto de 1917. ¡De ninguna manera se justifica festejarlo cien años después! Pero sí conmemorarlo y aprender de ello.
Nota al margen. A propósito de Domingo Arenas, en 2010, el maestro Martín Rojas hizo un retrato en el que lo capta, digo yo, como lo describía Miguel N. Lira “de ojos vivos, escondidos entre las cejas espesas, de cabellos lacios sobre la frente…”
e- mail: ccirior@yahoo.com.mx
Twitter: @ccirior

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