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Opinión

Apuntes… Con Claudio Cirio Romero

Rafael Molina Jiménez

La amistad verdadera me hace sentarme frente a la lap y escribir esto en mis Apuntes. Me refiero a eso que Octavio Paz en su ensayo La llama doble, nos recuerda que Aristóteles decía de la amistad perfecta, “la de los hombres de bien y semejantes en virtud, porque éstos se desean igualmente el bien.”

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Era 1994, si no mal recuerdo, cuando conocí a mi amigo Rafael Molina. Era unos tres, casi cuatro años menor que yo. Nació en noviembre de 1969, yo en febrero de 1966.
Llegaba a la oficina en la que entonces laboraba, casi siempre cargado de libros recién comprados, nuevos o de uso. Fue un gran amante de los libros. Las pláticas eran casi interminables. La empatía se daba por nuestro gusto por la lectura. Pero igual hablábamos de arte, de música. Era un gran aficionado a la música, al grado de estudiar guitarra a la par de sus estudios de derecho, en Puebla. Comentaba que el maestro Leobardo, que fue mi maestro de música en la secundaria, le decía que sería el mejor abogado entre los guitarristas y el mejor guitarrista entre los abogados.
Gracias a Rafa conocí a Isao Tomita, padre de lo que ahora se llama música electrónica y al guitarrista John Williams y su Concierto de Aranjuez. Entonces conocer más guitarristas se volvió común gracias a él. Escuchar y hablar de Paco de Lucia hasta Ottmar Liebert era agradable entre planes de trabajo juvenil en el Partido de la Revolución Democrática.
Juntos nos dimos a la tarea de iniciar en Tlaxcala el surgimiento de Convergencia Juvenil, al lado de otros jóvenes del país, como Juan José García Ochoa o Mara Robles. No nos arredró lo difícil de la empresa y ya para 1995 nuestro compañero Hugo Mexicano, de San Juan Ixtenco llegaba a una diputación local desde buena parte de ese trabajo
Ideas como organizar conciertos o conferencias o participar en la Convención Nacional Democrática (en agosto de 1994) convocada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, animaban nuestros ideales de una izquierda verdaderamente democrática, para lo que tendríamos que pelear por los espacios de decisión política dentro y fuera del partido.
Recuerdo a Rafa, allá en la Selva Lacandona, amoldándonos a las penurias del viaje y el regreso pasando por Juchitán, donde quisimos engañarle que los frijoles refritos no tenían cebolla, pero no lo logramos porque su olfato estaba muy acostumbrado a identificarla.
Compartimos tareas electorales juntos dentro del PRD siendo él encargado de las elecciones internas en 1996 y yo como Coordinador de la Comisión Estatal de Vigilancia, donde hicimos la captura histórica (o sea inicial) de unos quince mil afiliados con un sistema de cómputo propio que nos ayudó a elaborar nuestro amigo Julio César.
Fue de los que más apoyaron y aplaudieron que la propuesta que elaboré para la redistritación electoral federal de 1996 haya sido aprobada por el Consejo General del IFE.
No coincidimos en 1998. Él decidió apoyar a Alfonso Sánchez Anaya y yo mantenerme como crítico dentro del propio partido. Pero nos volvimos a encontrar cuando se presentó como candidato a presidente estatal del mismo. Le propuse un Plan de trabajo que firmamos juntos y fue con el que ejerció ese cargo.
Gracias a que él me propusiera fui representante de la Alianza por México, que abanderó en su tercera campaña presidencial Cuauhtémoc Cárdenas. Pero nuestro acuerdo era crear el Centro de Estudios y Formación Política (CEFOPO). Y lo hicimos no sin dificultades. Estuve al frente del mismo, cuatro años. Le entusiasmó la idea de una pequeña revista, el “Escaramujo” para motivar la formación (no la capacitación) política de los perredistas (quizá de las cosas que hice en ese partido que mayor satisfacción me dieron, aunque mi amigo Raúl Jiménez Guillén en el primer aniversario de la misma nos preguntará con cierta ironía que “quién nos había dicho que las «tribus» querían formación política”.
Rafa debe ser, con sus defectos desde luego como todos, de las personas más íntegras y honestas que ha habido en la política tlaxcalteca. Por eso es que llegó a ser diputado local y presidente municipal de Totolac.
Y fue una de mis amistades perfectas. Siempre fue solidario y amable. Traté de ser merecedor de su afección. ¡Hasta la vista mi Rafa!
Nota al margen. Va mi abrazo solidario con el profesor Prisciliano Molina.
e-mail: ccirior@yahoo.com.mx
Twitter: @ccirior

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