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Tauromaquia

Rinden homenaje al Brujo de Apizaco en Plaza de toros Jorge el Ranchero Aguilar

Le rinden homenaje con una placa alusiva a la corrida de este día.

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Monserrat TLACHI/La leyenda del Brujo de Apizaco sigue presente en Tlaxcala, pues este sábado la familia taurina de Tlaxcala y México se dio cita en la Plaza de Toros “Jorge El Ranchero Aguilar” para develar una placa que rinde homenaje y reconocimiento al extinto matador de toros Rodolfo Rodríguez “El Pana” por su trayectoria e impulso a la tauromaquia.

«La familia taurina de Tlaxcala y México rinde homenaje y reconocimiento al brujo de Apizaco, al matador de toros Rodolfo Rodríguez el Pana, por su trayectoria e impulso a la tauromaquia  como el último romántico de la fiesta brava en el mundo taurino. En la corrida de toros de los tlaxcaltecas. 6 rancho seco 6. Uriel Moreno el Zapata, Jerónimo y José Luis Angelino», dice el texto de la placa que desde hoy queda en el pasillo de la mítica plaza de toros.

Luis Mariano Andalco, titular del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, sostuvo que el legado que deja el torero es de orgullo para el estado y el país.

Por otra parte, el padre Ranulfo Rojas Bretón dijo que la figura de “El Pana” será trascendental y de inspiración para muchos en el mundo de la tauromaquia. “Agradezco a sus familiares por permitir que él esté con nosotros, es decir sus cenizas pues es el resto físico, además de contar con su espíritu entre todos nosotros” señaló.

Las hermanas del matador, Marina y Estela Esquivel González agradecieron el apoyo y cariño que se ha manifestado en diversas partes del mundo taurino como España, Francia además de la asociación de matadores.

Las cenizas del Pana regresaron a la plaza de toros,  pues dio un recorrido al iniciar la disputa por la estatuilla Rodolfo Rodríguez.

Finalmente, se llevó a cabo una misa hacia Rodolfo Rodríguez, “El Pana” encabezada por el padre Ranulfo Rojas Bretón.

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LA HISTORIA DE LA LEYENDA TRAS SU MUERTE.

En  Junio de este año el torero mexicano Rodolfo Rodríguez El Pana falleció después de días de hospitalización por las complicaciones de la tetraplejia ocasionada al ser embestido y lanzado por los aires por un toro en una corrida en la ciudad de Lerdo, Durango, el 1 de mayo, narraron medios nacionales, internacionales y locales.

El torero originario de Apizaco, Tlaxcala, presentó paro cardiaco sin opción a reanimación.

 

Se le detuvo el corazón a pesar de los medicamentos”, dijo el médico Francisco Preciado, quien señaló que El Pana falleció a las 18:45 horas en el hospital civil de Guadalajara, a donde llegó el pasado 9 de mayo en una ambulancia procedente de Torreón.

Ese día inició la leyenda del Brujo de Apizaco.

El diario Excelsior le dedicó un amplio reportaje sobre su vida.

El matador tlaxcalteca, que solía dedicar sus corridas a los toreros que nunca llegaron a la plaza grande, es considerado por los especialistas como el último romántico de los diestros mexicanos. Usualmente toreaba con un puro en la boca; conoció el arte cuando tenía 28 años, pero en la parte final de su trayectoria marcó de manera peculiar la fiesta brava nacional, con su carisma y su arrojo.

 

El diestro tlaxcalteca fue un romántico de los ruedos, a los que llegó tras años de trabajo duro para ganarse el pan diario

A la muerte de su padre, asesinado, Rodolfo tuvo que hacer de todo para apoyar a su madre; a los tres años una sonrisa bastaba, poco después, el de panadero fue uno de tantos oficios que tuvo que aprender. Irónico, un burel de nombre Pan Francés sentenció sus últimos días.

 

 

 

Al expirar Rodolfo Rodríguez, se fue uno de los ya pocos románticos del ruedo… el de las frases ácidas, el de las bromas, el de las charlas profundas, como deseaba que fueran sus estoques. Sus palabras, aunadas al temple de su arte, le llevaron a ganarse al público: para tomar la alternativa el 18 de marzo de 1979 en la México hubo un lleno, fruto del eco de sus novilladas.

 

También es cierto que el matador aún toreaba porque no se le daba guardar peso sobre peso, la bohemia era igual una tentación crónica.

 

 

 

Irónico, el último toro que mató, poniéndole sólo la espada, como él mismo enseñaba, tenía por nombre Obrero, a éste le siguió en esa tarde, atípico, un amargo Pan Francés.

 

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