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Opinión

Apuntes con Claudio Cirio Romero

Trump, México y el mundo

Tal cual como si fuera el Super bowl o la entrega de los Oscar, el mundo y México en particular estuvieron a la expectativa de la elección presidencial en los Estados Unidos de Norteamérica el día de ayer.
Nada raro, tal como lo ha planteado Sartori, en los tiempos del homo videns, es decir del hombre formado por la televisión y que ahora habita el espacio de los flujos, que resulta la realidad virtual en internet, la política y particularmente las elecciones son un verdadero show business. Atentos a los game reporting de la parejera horse race, varios amigos míos en el feis y en tuitter, no ocultaban su preocupación y hasta molestia al ver cómo se perfilaba el triunfo de Donald Trump.
Entendible, porque el discurso antimexicano, racista (fascista dice Pablo Iglesias y ojalá se equivoque) e intolerante del candidato demócrata, que ni siquiera se disimuló con su visita a Los Pinos, espantaba a cualquiera que no entendiera que eso sólo era parte de las estrategia agresiva de campaña que delineó su war room.
De lo que se trataba era de sacar de La Casa Blanca, la de Washington no la de la Gaviota, a los demócratas que la ocuparon durante ocho años con Barak Obama. Y si para eso había que perfilar amenazas como eso de construir un “muro” en toda la frontera con México, que los propios mexicanos pagarían, pues había que hacerlo. Además la imagen grotesca de Trump y sus gesticulaciones faciales se prestaban bien para que lo creyéramos. No estoy diciendo que no sea capaz de cumplir tales delirios, estoy diciendo que como la máxima es de que en esas campañas electorales “todo se vale”, cosa en la que los mexicanos ya les copiamos bien, los spinners del magnate lo asesoraron correctamente para lograr el propósito. La fórmula no es nada que no conozcamos que se utiliza ahora por parte de quienes quieren arrebatarle el poder a los que lo tienen: una campaña agresiva y una bien documentada campaña negativa o sucia.
Así venció Trump a Hillary porque la esposa del ex presidente Bill Clinton (con el que la Oficina Oval se convirtió en “oficina oral”) no es un dechado de pureza como quisieran sus seguidores en México, como los senadores panistas y perredistas que hicieron el desfiguro de ponerse playeras a su favor y tomarse fotos en las que aparece como fondo la leyenda de “La patria es primero”, que preside las sesiones en la cámara alta del poder legislativo en nuestro país.
Y está demostrado, que sobre todo en ese país, los mercadólogos electorales y los asesores políticos en general manejan extraordinariamente la emoción del miedo en los ciudadanos para conseguir sus propósitos.
Por lo menos Manuel Castells en su libro Comunicación y poder (Siglo XXI, 2012), en el apartado que denomina “Redes de mente y poder” es muy ilustrativo en cómo el gobierno de George Bush desarrolló una campaña para infundir miedo en los norteamericanos y de esa manera obtener su apoyo en la guerra contra Irak y el derrocamiento de Sadam Hussein, basado en mentiras. “Conquistando las mentes, conquistando Irak, conquistando Washington: de la desinformación a la mistificación” le llama al caso.
Aquella ocasión dicen los estudios citados por Castells que “Activaron la emoción más profunda del cerebro humano: el miedo a la muerte. Experimentos psicológicos realizados en varios países muestran que conectar la muerte con asuntos y acontecimientos favorece la aparición de actitudes políticas conservadoras en el cerebro.”
En el imaginario del ciudadano de a pie, funciona, mediante estrategias mercadotecnia electoral bien administradas, la idea de enmarcar en su mente que las cosas no están bien y lo están así por algo muy específico. Los estrategas de Trump no fallaron al elegir discursivamente al “enemigo”, fomentando la homofobia, es decir el miedo a los “extranjeros” a los extraños, a los mexicanos ilegales en específico. Diría que realizaron correctamente una anti lectura de Un día sin mexicanos, película de Sergio Arau y de ahí tomaron el mensaje lanzado a la comunidad latina que ya vive legalmente ahí, para decirles “sí podemos vivir sin ustedes”.
Cuatro años difíciles se perfilan en la relación con nuestros vecinos. Los dos primeros sin duda serán de sumisión del gobierno mexicano al gringo los dos siguientes pueden ser de gran dignidad, si cambiamos el rumbo en la elección presidencial de 2018.
Nota al margen. La sociología y la antropología mexicana debemos rendir homenaje a Rodolfo Stavenhagen, gran luchador por los derechos humanos de los indígenas.
e- mail: ccirior@yahoo.com.mx
Twitter: @ccirior

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