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Opinión

Apuntes… Con Claudio Cirio Romero

Luis González de Alba

Abro al azar mi ejemplar del libro Los días y los años (Lecturas Mexicanas, SEP, 1986) y leo algo que tengo subrayado a lápiz que dice: “Las plantas del octavo piso (de la torre de Humanidades) humedecían el aire. Subí las persianas, abrí todas las ventilas y entró el sol de la tarde por los cristales.”
Como si Luis González de Alba su autor, me recordara, luego de su sensible partida el domingo pasado, 2 de octubre, que tengo pendiente leer su novela titulada precisamente así, El sol de la tarde (Conaculta, 2013). En la cuarta de forros la sugerencia es inspiradora, dice, allí se “retrata sin tapujos de una manera poética y metafórica la realidad y pensamientos de una juventud que vive con ideales, y sus avances en el camino de la vida hasta convertirse en personas maduras y encontrarse cara a cara con su destino, un destino del que nadie puede escapar.
El destino que puede ser, quiero entender, un “último tequila”, en referencia a la última novela autobiográfica, publicada hace unas semanas por González de Alba según cuenta Manuel Aguilar Mora en su reciente artículo para “Madera Periódico Clandestino”.
O un tequila para contener un poco la migraña cosa de la que hablaba con David Vega, ayer en la tarde. Vega que conoció, trató y criticó los devaneos de Luis respecto a movimientos políticos como la corriente democrática en 1988, el movimiento zapatista de 1994, el lopezobradorismo y recientemente el movimiento de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, víctimas de desaparición forzada.
Luis y David que aquella tarde del 2 de octubre de 1968 estaban en el tercer piso del edificio Chihuahua. Éste como orador en turno en el momento en que caen las luces de bengala y aquel como el líder que en la mañana se había reunido, junto a Gilberto Guevara Niebla y Anselmo Muñoz, con los representantes del gobierno para dialogar sobre las soluciones al conflicto; y que desobedeciendo los acuerdos del CNH había llegado hasta ahí. Así lo cuenta el mismo en Los días y los años: “En el tercer piso un muchacho delgado guardaba el acceso tras un cordel colocado entre las dos paredes al nivel de la cintura, el cordel indicaba que el paso estaba prohibido. –Soy del Consejo. –Pero tengo órdenes de que nadie… -¡Oh!, te digo que soy del Consejo, yo fui quien te puso a vigilar el paso.”
Ahí mismo David, que herido por una esquirla de bala en la mano sangraba y Luis que se revisaba el pecho pensando que la sangre del piso era suya, tienen un breve diálogo que marcará sus vidas porque no terminaron en ese infierno, en el que fueron vejados y torturados, del Campo Militar No. 1 a Lecumberri.
González de Alba que publica, a las 6:21 de la mañana del 2 de octubre pasado, en su cuenta de Facebook, un video del canal Jeruvision, titulado “Salmo 71 Al Tashlijeni” en el que el niño Mishel Kohen canta en hebreo: “¡Oh mi Dios! Que mi boca se llene de tu alabanza / No, no me rechaces en tiempo de mi ancianidad, cuando mis fuerzas se hayan acabado nunca me abandones.” Y David Vega que le hace un comentario a las 8:39 antes de irse a la marcha en la Ciudad de México donde le afirma y sugiere: “Nuestro tiempo se está acabando, podríamos cantar este salmo, para nuestra generación.”
Pese a no estar de acuerdo con su premonición sobre esa marcha (48 aniversario), que dice David, y estoy de acuerdo, muestra que el 68 está vivo; y menos con la insidia dirigida a Elena Poniatowska, el último artículo de Luis, finamente redactado como todo lo que escribía, es admirable porque ni siquiera por ser su despedida, a sus bien vividos 72 años, su regocijo de homosexual se opaca con un final valiente, dirigido al amor de su vida, su único “hombre adulto”, sin hipócritas cohibiciones: “¡Ven por mí! ¡Anda, cabroncito del color canela, anda, vámonos al diablo!”
Los días y los años es la novela que marcó mi acercamiento intelectual al movimiento estudiantil de 1968. A su autor lo seguí con entusiasmo en su columna “La ciencia en la calle” en La Jornada. En su libro Los derechos de los malos y la angustia de Kepler (Cal y Arena, 1998) aprendí por qué es de gente decente luchar por la diversidad sexual. Debo adquirir y leer Otros días, otros años (Planeta, 2008). Y claro, leer El sol de la tarde y todo lo que pueda de este gran escritor aunque no coincida con sus posiciones políticas.
Nota al margen. Bueno pues cuatro años con ocho meses de priismo, con todo lo que eso significa, vendrán para Tlaxcala; así lo ha determinado el Tribunal Electoral del Poder Judicial.
e- mail: ccirior@yahoo.com.mx
Twitter: @ccirior

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