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Opinión

Todas caben… Con Bibián Ordáz Llánes

Una llaga abierta

Tal parece que en México los problemas no acaban, antes bien se multiplican al paso de los días. Para no ir muy lejos, el pasado lunes 19 de septiembre la cotización peso-dólar alcanzó, a decir de los especialistas, niveles históricos.
Y si a lo anterior le agregamos, el alza en los precios de las gasolinas, los bloqueos de la CNTE, las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya y Tanhuato; la pugna entre los que aprueban el matrimonio entre personas del mismo sexo y quienes están en contra de esta figura jurídica, por mencionar solo algunos, nos daremos cuentas que no la estamos pasando tan bien en este país.
Sin embargo, existen actividades que no podemos dejar de lado a pesar de todo lo anterior.
En México padecemos una serie actos que pareciera ya forman parte de nuestra propia idiosincrasia, porque de alguna forma forman ya parte de nuestra vida cotidiana, me refiero a la corrupción, a la impunidad y al crimen organizado.
Pero también existe otro flagelo, no menos importante que los anteriores, que por sus características no solo lastima a quienes lo padecen sino que hiere a la sociedad toda: la trata de personas con fines de explotación sexual y/o laboral.
Para que entendamos el tamaño del problema, que no es exclusivo de este país, una investigación de 2011 del Global Financial Integrity, ubicó al tráfico humano como la tercera actividad ilícita en el mundo que más recauda dinero con 31 mil 600 millones de dólares anuales. Narcotráfico: 320 mil millones de dólares y la falsificación: 250 mil millones de dólares.
Datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), indican que la trata de personas se cobró en 2015 al menos 12 millones de víctimas. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), contabiliza casi 21 millones de personas víctimas del trabajo forzoso en el mundo. Esta cifra incluye a las víctimas de trata para la explotación laboral y sexual.
En el reportaje Trata de personas, la esclavitud del siglo XXI publicado en la página de TeleSur, se asegura que: Una de cada cinco víctimas de la trata de personas es un niño, quienes son usados para mendicidad o trabajo forzoso, pornografía infantil o explotación sexual. También son reclutados como soldados en zonas de conflicto armado.
“Dos terceras partes de las víctimas en el mundo son mujeres. Son engañadas con falsas promesas de empleo, parta luego despojarlas de su pasaporte, imponerle deudas y chantajearlas. Por lo general, son forzadas a prostituirse y al tráfico de drogas.
“Los hombres y los niños varones también son víctimas de este crimen, pero en una proporción mucho menor que las mujeres. Son obligados al trabajo forzoso, mendicidad, explotación sexual y reclutamiento”.
En el caso de México los registros oficiales sobre la incidencia de este delito no son consistentes, ya que se encuentran desactualizadas, no están homologados, o simplemente no se registran estos delitos, por falta de una armonización de leyes tanto en el ámbito federal como en el local. Por ejemplo, la llamada cifra negra, varía según la organización que realice el estudio.
Además, a pesar del trabajo que organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y miembros de la clase política han realizado para que la población visibilice el flagelo del que son víctimas mujeres, niñas, niños y hombres, algunas autoridades siguen minimizando el problema.
En el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México elaborado en 2013 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), pero dado a conocer por la Secretaría de Gobernación en 2015, se destacan varios puntos sobre el estado de la trata de personas en el país, entre los cuales se encuentran:
-Que el limitado impacto de la legislación ocasiona la escasez de estadística sobre la incidencia del delito de trata de personas en México.
-Se confirma que las mujeres, particularmente las niñas, adolescentes y jóvenes, son las más susceptibles a ser víctimas de este delito. Destaca como foco rojo de particular preocupación el caso de niñas y mujeres indígenas en todo el país, particularmente en la región sur-sureste.
-Las víctimas de trata de personas del sur de México y de Centroamérica también atienden la demanda de fuerza de trabajo barata y servicios sexuales en las regiones del sur-sureste, centro y occidente de México, primordialmente en los polos de desarrollo, agrícola y de servicios.
-Identifica a 363 municipios donde la población, en especial las mujeres, viven en condiciones de alta vulnerabilidad a la trata de personas y 464 municipios donde ésta es media.
Además de reconocer como un avance importante la creación de una Comisión Intersecretarial para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, y la aprobación de un Programa Nacional en la materia. Advierte que aún hay mucho camino por recorrer y acciones que tomar para las actividades aisladas que llevan a cabo las organizaciones civiles y las propias autoridades se transformen en una política pública más integral.
En suma, la trata de personas es una llaga abierta que debemos curar. Debemos trabajar para erradicar este flagelo que tanto lastima a todos, pese a que haya otros problemas en México de urgente solución. Pero tengamos cuidado en no volver a victimizar a las víctimas que ya han sufrido bastante.
No podemos cerrar los ojos o voltear la mirada a otras coyunturas que sean redituables políticamente o de plano hacer como que se hace y no se hace nada. Porque son nuestras mujeres, nuestras niñas y niños, las y los jóvenes y los hombres los que corren el riesgo de caer en las garras criminales de los tratantes y no volverlos a ver nunca.
Recuerden que: La trata de seres humanos es una llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea”. Papa Francisco

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