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Opinión

Materia Oscura… Con Arturo J. Martínez

Donald Trump o los efectos colaterales de la expulsión del Paraíso

Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
Génesis 3:24, Reina Valera.

You are fired!!!, soltaba un determinado Donald Trump a un cabizbajo ser, desterrado por siempre de una de las moles de hormigón y mármol más imponentes de Manhattan, la Trump Tower.

Si el libre mercado fuese considerado el Paraíso, Donald Trump sería no Eva, no Adán, la serpiente no lo definiría consistentemente, incluso el concepto de Dios resultaría ambiguo para atribuírsele.

No. El estridente candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, aparecería como el holograma proyectado en las cabezas de Adán y Eva cuando -maldita sea la hora- decidieron comer el fruto del árbol del conocimiento seducidos por la serpiente.

Ellos inauguraron, sin saberlo (no podría haber sido de otra forma) eso conocido como la reproducción técnica de la razón, ese terrible estigma descubierto en el lado oscuro de la Ilustración, de la modernidad, por una formación de filósofos víctimas como nadie del paraíso perdido, los inscritos en la Escuela de Franckfurt.

Año 2004, el realityshow “The Apprentice”, que se extendería durante siete años a través de doce temporadas en la National Broadcasting Company (NBC), era un prometedor horizonte de futuro para un puñado de participantes, deseosos de llevarse a la bolsa 250 mil dólares, y -quizá el premio mayor- convertirse en el CEO de alguna de las empresas del magnate neoyorkino.

El concepto de esta nueva producción televisiva lucía promisorio: mujeres y hombres avanzaban  a través de equipos e individualmente, por cada una de las etapas del reto: emprender, emprender y emprender; hacer crecer el dinero ya sea con la venta de limonadas, administrando restaurantes, arrendando bienes inmuebles o subastando arte, los persuadidos por la imagen de Trump harían valer sus talentos y demostrar una astucia más allá de la mera planeación de proyectos y del dos más dos, de lo contrario serían echados de esa realidad sin miramientos.

A diferencia de la concepción original del Paraíso, ahora los habitantes de este singular lugar de abundancia (huelga decir que durante su periodo en el reto, los concursantes gozaban de un penthouse con tecnología, víveres y mobiliario a su completa disposición), no eran lanzados por haberse atrevido a expandir su inteligencia; ahora la inmovilidad, la quietud, la falta de hambre de triunfo provocaba su salida.

Vía Gabriel Zaid entendemos que el relato bíblico del Paraíso, similar a otros mitos de la antigüedad (Pandora, Prometeo), puede ser entendido como una crítica a nuestra tendencia al progreso como especie, “que rebasaba el orden natural, pero también como desmesura, digna de castigo”.

En otras palabras, fuimos expulsados de una tierra con todo lo necesario para sobrevivir sin necesidad de trabajar, castigados; nuestra rebeldía por saber más, por adquirir conocimiento, por entender el bien y el mal, nos provocó tener que valernos con nuestros propios medios, con el sudor de nuestra frente.

¡Venga, qué por lo menos ahora teníamos la razón a nuestra disposición y santo remedio!

Nos las arreglaríamos para obtener el pan nuestro de cada día.

Nuestra inteligencia, nuestra capacidad de razonamiento nos permitió encontrar el método y la técnica para sembrar, domesticar el fuego, entre otras variantes. Y al parecer ahí quedó nuestro soberbio poder robado a los dioses. Sus alcances posteriores se tornarían perversos.

Con su Dialéctica de la Ilustración, Theodore Adorno y Max Horkheimer advertirían sobre los peligros y el terror oculto de la Ilustración por una racionalidad de tipo instrumental: hemos alcanzado una sociedad con niveles inimaginables de tecnología gracias al avance del conocimiento y su aplicación, pero seguimos luchando entre clases y temiendo por nuestras libertades.

A diferencia de las interpretaciones que encuentran en el génesis del santo libro, una forma de crítica a la modernidad y nuestra huida de la naturaleza cortesía técnica; la filosofía negativa de Adorno y Horkheimer es también una embestida contra el progreso, no obstante sin promover el retorno a correr desnudos por los jardines, en una etapa pre-industrial; lo que los seguidores desencantados del marxismo se preguntan a manera de crítica es: ¿qué semejantes engendros vino a crear nuestra inteligencia -totalitarismos, cultura de masas, falsos caminos de redención y redentores, etcétera, etcétera- todos ellos con el sustento de la técnica y el pensamiento conceptual, y en qué lugar nos olvidamos las herramientas para lograr sociedades equilibradas?

Y aún peor, si tratasemos de explicarnos o definir qué diantres nos sucede como sociedad, estamos condenados a utilizar los mismos instrumentos provenientes de una razón pervertida, ahora en forma de conceptos: intentaré explicar y curar mi paranoia bajo lo que me dicta mi propia paranoia.

En la realidad que la idea de modernidad proyecta en nuestras consciencias, regresamos al Paraíso, y mejor aún, a uno hyper aumentado, virtual pero paraíso al fin.

El holograma de Trump es esa contrapuesta versión de barbarie/modernidad: ofrece libertad y crecimiento, recluye y delimita; desea regresar a los tiempos donde su nación era grande y observar el horizonte que le podría conceder una muralla.

Al final del día, Donald Trump sería sólo un agente inmobiliario enmascarado de mesías, queriendo vender un concepto de arquitectura abstracta, su muro, su particular sentido de la Modernidad, sobre un Paraíso  cercado: los Estados Unidos.

Pero entiéndase que en esto no hay nada de falso. Es tan real como un mero simulacro

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