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Opinión

La Séptima Jornada… Con Salazar Santos

Aires de experiencia 

El primer debate de la contienda electoral a la presidencia de los Estados Unidos de América ha despertado un sinnúmero de reacciones desde las distintas perspectivas republicanas y demócratas. Tanto los seguidores de Hillary como los de Trump claman la victoria de su candidato después de la primera de tres confrontaciones en la antesala del 8 de noviembre, fecha en la que se definirá al cuadragésimo quinto presidente de la Unión Americana.
Semanas atrás, los sondeos daban a Hillary Clinton un margen de ocho puntos por encima de Donald Trump. Posteriormente, la ventaja se redujo a cinco puntos porcentuales y el día del debate la brecha era solo de un punto, en otras palabras, un empate técnico.
Como si se tratara de una pelea de box, nos encontramos en los últimos tres rounds, de los cuales, los siguientes dos episodios serán debates y el último consistirá en la tan esperada elección.
Así como en las peleas pugilísticas, los espectadores preguntan ¿quién va ganando?, todos responden en función de los intereses que representan ambos contrincantes. Sin embargo, si queremos esforzarnos por concretar una respuesta lo más objetiva posible, tenemos que analizar las fichas técnicas de los concursantes.
Sin la intención de realizar un análisis detallado del registro profesional de los candidatos, podemos arribar a un panorama ilustrador con esta breve descripción: Clinton es una política con una carrera de treinta años, en tanto; Trump es un millonario con casi cincuenta años de trayectoria ¿Es visible la diferencia de perfiles para dirigir un país de la talla de Estados Unidos? Por supuesto que sí. La señora Clinton se ha desempeñado como senadora, además ha ocupado el cargo de Secretaria de Estado en el gabinete presidencial de Obama, aspecto que impulsó su proyección internacional. En cambio, el señor Trump se ha enfocado en hacer dinero con sus empresas. Si el argumento de la experiencia política valiera a priori, estaríamos ante el supuesto de la elección inmediata de la señora Clinton, claro está, y no con esto quiero ser determinante al señalar que Clinton es la buena y Trump es el malo, para ello basta recordar el escándalo de Hillary sobre los correos electrónicos y el sabotaje a la campaña de Bernie Sanders en la elección interna del Partido Demócrata.
Tanto en democracias en desarrollo (México, por ejemplo) como en democracias consolidadas (Estados Unidos, por ejemplo), la política es política, es decir, el actuar del mundo político responde a las circunstancias y a los intereses de un momento determinado, muchas veces sin tomar en cuenta lo que idealmente debería ser; entonces, ¿por qué preguntar quién va ganando la contienda electoral? Desde mi punto de vista, la respuesta es muy sencilla: El inconsciente colectivo sabe que Trump es un sujeto fuerte, determinante y que ha sabido hacer su juego: llamar la atención, estar posicionado en los medios de comunicación todos los días sin importar si es a base de decir estupideces o hablar de lo que no sabe. Los electores saben que si votan por la opción de Trump, no lo estarían haciendo por él, sino por el Partido Republicano, la institución histórica que lo ha abanderado y que seguramente conservará la mayoría en el Congreso.
La preferencia de los electores no depende solamente de propuestas políticas razonadas y viables, sino también de otros factores como el tan sonado estado de salud de los candidatos. Recordemos que Hillary sufrió un desmayo al abandonar la ceremonia conmemorativa de los ataques del 11 de septiembre, aspecto que Trump supo aprovechar para cuestionar la idoneidad de la candidata para ser electa como la primera mujer presidente del país más poderoso del mundo. Ese mal día de Clinton le quitó la última ventaja de cinco puntos frente a su adversario de débiles argumentos políticos.
Para responder a la pregunta quién va ganando, tenemos que decir que la experiencia política de la señora Clinton es evidente y ha respondido con buenos argumentos los cuestionamientos del primer debate. Por su parte, Trump el millonario, también ha mostrado su experiencia como hombre de negocios, dispuesto a pasar por encima de quien se interponga en sus objetivos. Ambos personajes han demostrado sus “aires de experiencia”, veamos qué ocurrirá en los próximos encuentros y esperemos los resultados.

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