385 Grados
Opinión

Opinión 385… Formando acosadores

Bibián Ordáz Llánes/ El acoso escolar es un fenómeno que desde siempre ha existido. Su estudio como problema en las instituciones educativas se dio a principios de la década de los 70, cuando el profesor noruego, Dan Olweus, empezó a investigar algunos casos de suicidio entre escolares. 

Su estudio se centró especialmente en el suicidio de tres jóvenes al norte de Noruega. El cual concluyó con la primera investigación detallada sobre el fenómeno del bullying. Su trabajo sirvió como modelo de referencia en otros países y en 1993 Noruega puso en marcha la primera campaña nacional para prevenir este tipo de situaciones. Casos de acoso o maltrato de niños y jóvenes en el contexto escolar hay miles, no solo en México sino en muchos países del mundo. En la década del 80, tres jóvenes de entre 10 y 14 años se suicidaron como consecuencia de situaciones de bullying despertando la atención de las instituciones de enseñanza sobre el problema.
Este flagelo escolar ha tomado relevancia en los años recientes en nuestro estado y en todo el país. Los medios de comunicación han publicado un sinnúmero de casos. Desde casos en donde cotidianamente se molesta a un compañero de clases, hasta incidentes graves en donde la víctima muere por los golpes recibidos por los abusadores o donde el acosado se cobra todas las agresiones.
Al respecto, tanto las autoridades de cada plantel educativo, como los mandos superiores del sector en los estados y en la federación, han recibido un gran número de quejas en donde se les pide hacer algo para solucionar este problema.
Además, los congresos de los estados y el Poder Legislativo federal han tomado cartas en el asunto y se han dado a la tarea de realizar una serie de recomendaciones y hasta iniciativas de ley para acotar el bullying en las escuelas de este país.
Sin embargo, la solución de este cáncer social no está solo en manos de las autoridades del sector o en las de los poderes Legislativo y/o Ejecutivo tanto federal como estatales. Por más que los padres y tutores de los niños y jóvenes hayan prácticamente cedido el deber y derecho de educarlos al Estado.
Es un hecho que la ética se vive en casa, se aprende allí, a diario, con cada acto. Si en la casa no se practica la ética o la moral, o no se habla con la verdad a los hijos, el resto de las instituciones poco podrán hacer.
La educación que se recibe en casa es la que perdura, porque ella se vive con ejemplos. Si dentro de la casa no suceden cosas como éstas, no hay escuela que puede remediar la situación.
No hay que olvidar que es en casa donde los niños y jóvenes aprenden a distinguir lo bueno de lo malo, que es el conocimiento más útil que tendrán el resto de sus vidas, para saber cosas como que el golpear al prójimo es malo; que hay normas mínimas de trato entre humanos. En cada mal ejemplo, en cada capricho cumplido, en cada falta de exigencia, en cada violación moral no señalada dentro de casa, los valores son sepultados y poco a poco se ven reflejados en la sociedad.
A todo esto ha contribuido el hecho de que los padres han dejado a la tecnología y al Estado, a través de los mentores, el deber de educar a sus hijos. La educación primera es y debe ser responsabilidad absoluta de los padres. Las escuelas son lugares de formación y preparación de los educandos para hacer frente a la vida en términos laborales.
Resulta obvio que si existen reclamos de falta de valores es por la idea de que éstos se han perdido de algún modo. No se sabe en dónde quedó la ética, la moral, la verdad, pero lo que es muy posible es que ha desaparecido de los hogares de millones de familias de nuestro país.
Y ese atentado es el que hace que ocupemos los primeros lugares en índice de corrupción, de inseguridad y ahora en bullying.
Está bien que las autoridades educativas, los diputados y senadores y hasta el presidente de la República se preocupen y se ocupen de implementar soluciones para erradicar el bullying de las escuelas. Pero son las madres y los padres de familia los que tienen que tomar cartas en el asunto y aportar su parte en la solución de este cáncer.
Una de las funciones primordiales de las madres y padres es la de educar, de ocuparse de la ética y de la moral en la familia. El amor no es solamente un sentimiento, es sobretodo un trabajo una responsabilidad. Si no se hace un esfuerzo por amor a sus hijos, seguirán surgiendo acosadores formados en el hogar.

Related posts

Plazas automáticas para los egresados de normales: el dilema

385 Grados

Tres al Hilo con Toño Pulido

Redacción 385

El embate al normalismo mexicano: el caso Tlaxcala

385 Grados

Leave a Comment