385 Grados
Opinión

Materia Oscura… Con Arturo J. Martínez

La muerte del Divo

No hay necesidad que me desprecies
tú ponte en mi lugar, a ver qué harías
la diferencia, entre tú y yo, tal vez sería corazón
que yo en tu lugar… que yo en tu lugar…
si te amaría

Su muerte me tomó por sorpresa. He de admitirlo.

No obstante la percibí lejana, no a mí concerniente.

Me desplacé por el timeline de la red social en ese momento ante mis ojos, y sí, estaba en génesis una tendencia -otra más a poco menos de una semana de ser cuestionada la honorabilidad académica del actual Jefe del Ejecutivo federal, también algo recurrente, pensé.

Jugué con el scroll del ‘ratón’, arriba abajo; me informé quién publicaba, quién se hallaba conectado y mostraba actividad inusual para un domingo por la tarde, “bien podrían estar apoltronados en una sala de cine y no vueltos uno mismo con un ordenador portátil gracias a una tesis que se ha hecho eterna”.

Discriminé fuentes, sí.

comprobé que la noticia era replicada no sólo por quienes persistentemente son seducidos por los bulos mediáticos; ahí estaban el conocedor de la cultura de masas, el experto en representaciones sociales, la chica gustosa de las frases de superación personal, dos tres amigos de la más pura izquierda, aquella ferviente de los astros y aquel sabedor del dato más inimaginable sobre un tema y ansioso por compartirlo. Todos ellos reunidos e interconectados alrededor de la muerte del poeta popular.

Prorrumpían en epitafios ayudados por la letra de sus canciones más conocidas, los más listillos; o con frases jocosas, juegos de palabras y los infaltables: ‘eres grande’,’por qué tú’ y ‘seguirás entre nosotros’, lo más ceremoniosos.

Tras informarle a mi consciencia que se podría deducir, de acuerdo a la información sondeada, que era real el acaecimiento del Divo, se me permitió recordar.

Regresé a 1988. Mala Noche, producción nocturna de viernes durante una parte de ese año, era la sensación.

Su conductora Verónica Castro era el respiro perfecto de una clase media ya en decaimiento, compuesta en su mayoría por burócratas al servicio del Estado, entre ellos mis padres, tras una somnífera semana.

Una de esas noches Él rompió récord. En el lapso de ocho horas demostraría parte de su genialidad, parte de su encanto y parte del misterio que hasta el día de su muerte lo rodeará. Gracias a la tecnología es posible constatar el fenómeno de esa madrugada.

Mis padres observaban como hipnotizados la entrega de uno de sus más grandes ídolos, ante las cámaras. Yo los observaba a ellos intentando descifrar aquellas emociones. Las comprendería años después.

Su interpretación de “La farsante” aquella ocasión, continúa siendo una de sus canciones más reproducidas en YouTube.

Cursaba el bachillerato, y en unas de esas madrugadas, establecí relación con “La diferencia”.

Laboraba en un amasijo propiedad de un compañero de aula en el turno nocturno. Ahí, cada noche religiosamente, se sintonizaba una estación con todo tipo de melodías ofrendadas al desamor y sus demonios. Era mi caso. Consideraba que no había nacido para ella, pero la seguía queriendo: la que fue mi relación tormentosa de finales de 1994. Ahora comprendía aquella emoción que me resultaba inasible tan sólo seis años antes.

Primera vez. Algunos amigos y yo, entre copas, conocimos un bar gay. Incursionabamos. Imitadores buscaban arrancar los aplausos del público con la emulación de sus letras y de sus intérpretes, “Amor eterno” y el “Noa noa”, era lo más celebrado.

Divague unos instantes sobre aquella vez que lo escuché en vivo en el palenque anual del pueblo tras burlar la revisión e ingresar de contrabando una ánfora con tequila, estratégicamente colocada en la palma de mi mano oculta por un guante. El otoño y el clima propios de esa temporada estaban de mi lado. Sonreí.

Ahí le perdería el respeto. El encanto surgido de esa Mala noche de 1988 se diluyó, por lo menos físicamente, su voz se había extinguido. La bebida furtiva suplió la carencia y abrazaría a partir de ahí el mito. Digamos, que él dejó de existir para mí, físicamente, esa noche de palenque.

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