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Reportajes Especiales

Maestros Pokémon en Tlaxcala, entre la exaltación y el apocalipsis

 

 

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jorge Luis Borges

 

Nada surge de nada

Pocket monsters o Pokémon, surge en el año de 1996 en Japón, a través de un videojuego desarrollado por Nintendo, ideado por Satoshi Taiji con el apoyo del ícono Shigeru Miyamoto, padre de legendarios títulos como Mario Bros y The Legend of Zelda.

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La trama es sencilla: obtener 151 monstruos, mediante su caza o el intercambio con otros jugadores, y con ello buscar el campeonato en una liga de peleas dentro de gimnasios.

 

Actualmente se puede hablar de la existencia de más de 700 Pokémon, esto sin contar con la séptima generación de criaturas que llegará a finales de noviembre, vía otros dos juegos: Sun y Moon.

 

Pokémon Go, la tan polémica aplicación de los teléfonos inteligentes, es sólo un fragmento de un vasto universo del anime; sólo contiene -por decir algo- los 150 monstruos de la primera generación. Los precursores de tal aventura.

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Fue a principios de julio pasado cuando la estadounidense Niantic. Inc estrenaría -sólo en algunos países, el juego de realidad aumentada (RA) Pokémon Go, tras varios meses de pruebas en lugares seleccionados.

 

Bastarían unas cuantas horas para que la aplicación poblara los teléfonos móviles de miles de usuarios a escala mundial en los sistemas Android e iOS, y con ello comenzara la exaltación.

 

Aunque Pokémon Go, no es el primer juego que mezcla datos e información, y con ello crea realidades aumentadas (escenarios multicruzados con datos virtuales e información geoestadística, visibles a través de un dispositivo tecnológico); sí puede manifestarse que su aparición en la escena, ha impactado de manera vertiginosa la concepción y el entendimiento de la relación que mantenemos con nuestros ya inseparables smartphones y el lugar físico que nos rodea, posterior a su popularización.

 

A diferencia de la realidad virtual, la forma en que la realidad aumentada procesa en tiempo real los elementos físicos del ‘mundo tangible’ y los datos virtuales, es lo que le da al usuario/espacio, imágenes creadas por la aplicación, digamos: monstruos vagando en la avenida por donde se transita a diario, saltando en el centro comercial al que acudimos cotidianamente, escondidos en los centros de trabajo o estudios, infestando las plazas públicas que cruzamos familiarmente, o bien, avenidos entre la multidiversidad del tianguis o en el barullo de las terminales del transporte público.

 

El límite habitual de otros videojuegos no es tal para los maestros Pokémon (como se les denomina a los usuarios de la aplicación); la localización de las tan singulares criaturas protagonistas del juego, no se cierne a paisajes ilustrados dentro de un programa, donde sin la necesidad de desplazamiento físico, se avanza por los niveles que contiene la aventura.

 

En otros divertimentos virtuales, basta abrir la aplicación desde la comodidad de un sofá y emprender la tarea de lanzar pájaros por los aires o alinear caramelos, por decir lo menos.

 

Ello explica el porqué del asalto a Central Park en Nueva York por cientos de personas una noche en busca de “Vaporeon” (un pokémon no tan común de hallar y escurridizo), o de la prohibición de cazar en en el museo estatal Auschwitz-Birkenau, antiguo campo de concentración nazi en Alemania, por respeto a lo que ese lugar representa en la historia de la humanidad, y ahora lugar de avistamiento pokémon.

https://www.youtube.com/watch?v=SDsiJCQSmvk

Las aduanas se liberan, Tlaxcala se expande

 

Sería hasta principios de agosto, cuando el Pokémon Go fue oficial en nuestro país, y por lo tanto en Tlaxcala.

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Hasta antes de esa fecha, descargar y jugar la aplicación era considerado técnicamente ilegal en territorio mexicano, esto, por la previsión de la compañía de no saturar los servidores que dan sostén a la historia; sin embargo no se logró el cometido.

 

Miles de personas, entre fanáticos del anime de mucho tiempo antes y simples advenedizos deseosos de experimentar otras formas de concebir sus lugares de origen a través del juego donde no fue de inicio liberado, se las ingeniaron para burlar los filtros, romper los límites y candados de la Google Play o la App Store, y hacerse del juego colapsándose por la saturación de cazadores, sí, en tiempo real.

 

Al igual que en otros territorios, entrado ya el segundo semestre del año, cientos de Maestros Pokémon de pronto irrumpieron la cotidianeidad de Tlaxcala.

 

Si hasta antes de esa época un mediano freno a la proliferación de cazadores por las calles y sitios históricos de nuestro estado, lo eran las aduanas impuestas en las tiendas de aplicaciones de los celulares, ahora, con las fronteras abiertas por los desarrolladores de este universo, iglesias, plazas públicas, fuentes, monumentos, astas, ríos, cruces, capillas, nichos, murales, esculturas, son lugares que la realidad aumentada ha hecho suyos. Una “cuna de la nación” expandida y superpuesta.

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Tan sólo en la capital, todas las fuentes del zócalo, los monumentos a Xicohténcatl y Benito Juárez en el primer cuadro del centro histórico; la historia de Tlaxcala vuelta murales por Xochitiotzin; el parque de San Nicolás; la iglesia de San José y las esculturas de los alrededores y dentro del otrora Palacio de la Cultura; la Rectoría y otra escultura más en una de las Facultades de la máxima casa de estudios del estado; son ahora o pokeparadas (suministros de herramientas para atrapar a los monstruos) o gimnasios (arenas de batalla que incrementan las habilidades de los seres recolectados).

 

Incluso obras polémicas como la Fuente de la Familia y la Plaza del Bicentenario son puntos de interacción de la ‘otra realidad’ en la cual se aprecia Tlaxcala.

 

Se sobreviene el apocalipsis

 

A finales de la década de los sesenta del siglo pasado, el desaparecido semiólogo Umberto Eco, publicaría la que podría considerarse su obra más popular en las aulas universitarias dedicadas al estudio de la irrupción de la modernidad en sus vertientes de la cultura popular y los medios masivos de comunicación: Apocalípticos e integrados.

 

Gracias a la Wikipedia (ese oráculo de falsa modestia) y su información sobre el escrito, se nos dice que Superman es la síntesis no sólo del contenido de dicha obra, sino de la modernidad toda (además de informarnos que también es su portada); entendida ésta, como la extensión de los poderes sensoriales de mujeres y hombres comunes, gracias al avance tecnológico logrado como especie.

 

Ante este escenario, lo que el italiano sitúa en dos grupos bien definidos, otros tantos estudiosos sobre el tema, lo retoman y redefinen como “la incontrolable armonía de la creación más libérrima; la selva contra el huerto”[1], dicho en otras palabras, que ante “el estallido de la modernidad” en nuestros rostros, unos se consternan ante el apocalipsis que anuncia cada nuevo jinete tecnológico y su seducción; y los otros, con los brazos abiertos a esas quimeras/dispositivos dadores de experiencias tal vez jamás alcanzadas con la ayuda sólo de nuestros cinco sentidos, se integran.

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Vaya, que para algunos la tecnología o produce un caos autista entre sus usuarios, los limita; o potencia sus sentidos, percepciones y conocimientos más allá de su entorno, por la ampliación de sus consciencias en el tiempo y el espacio vía redes neuronales sintéticas.

 

Las críticas no se han hecho esperar a los usuarios de Pokémon Go y su afán de perseguir, tras grandes distancias, algoritmos y bits vueltos mascotas de pelea en cada rincón de sus ciudades, o donde sea que el móvil transfiera datos.

 

No obstante, resulta paradójico que justo la mayor exposición de la crítica a este fenómeno sea a través de la Red y para la Red; y consideramos no podría ser de otra forma.

 

Lo virtual ha emergido en posiciones distopicas/utópicas, ya sea en construir simulacros alternativos o dar voz y vida al pensamiento del mundo[2].

 

La singularidad, lo híbrido de pensamiento biológico y no biológico, le es propia a todos y donde todo converge: pasado, presente y futuro.

 

Mientras los unos experimentan estados de gozo al compartir autorretratos, comida, etcétera, bajo cuidadosas selecciones de filtros en Instagram o hacer públicas sus opiniones de cualquier cantidad de temas; los otros toman las calles y recrean el uso del espacio público.

 

Dar alcance a un pokémon en el Ex Convento de San Francisco es todo un proceso comunicativo que la consciencia del moderno cazador -ahora algo cotidiano, ahora algo propio de ese paisaje- tendrá que acoplar al muy particular entorno antes habitado por monjes y comunicarse el hecho a sí misma.

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¿Qué es realmente lo que estoy percibiendo?, se interrogará el espíritu del coleccionista, buscando adaptarse a los estímulos provocados por un entorno ampliado cortesía de las historietas japonesas.

 

De manera inconsciente e imperceptible la consciencia recrea el paisaje habitual, recursivamente:

 

“El mundo es mi representación”, soltaría Schopenhauer .

 

[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/09/actualidad/1444421683_515949.html

[2] https://colaboratorio1.wordpress.com/2007/10/09/la-utopia-y-la-red-ignacio-licata/

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