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Opinión

La otra resistencia… ¿Transitar o negar?

La semana pasada y antepasada sucedieron dos hechos importantes para la supuesta democracia del país. En el primero, Andrés Manuel López Obrador se dedicó a cumplir con la ley ciudadana del 3 de 3, y en el segundo la periodista Carmen Aristegui anunció vía su portal de noticias, un reportaje llamado, “Peña Nieto, de Plagiador a Presidente”. Pero ¿por qué son importantes tales hechos? Para responder a esto necesitamos dar un salto introspectivo hacia las perspectivas democráticas de las personas.

En un país en dónde la transición democrática ha sido concentrada exclusivamente en los asuntos político electorales, las perspectivas democráticas incumplidas por la alternancia de ida y vuelta en el gobierno federal han causado que la esperanza hacia el cambio soporte niveles de frustración muy altos. Es decir, sabemos que nos han sido impuestas guerras fútiles contra el narcotráfico, (inservibles por que el narcotráfico se encuentra en las entrañas del gobierno), sabemos que nos han impuesto políticas nacionales injustas, sobre todo para la economía familiar estancada, sabemos que debemos de cumplir con trámites interminables para mantener a la estructura burocrática del poder, sabemos que debemos solapar a la corrupción en sus niveles más bajos para que nos salga más barato o en menor tiempo una falta injusta, sabemos que debemos subsistir como sea en una democracia que se basa en el poder del dinero.
Hemos aguantado mucho para consolidar la falacia de una democracia, tanto que la perspectiva que se tiene sobre los que se supone nos representan se ha homogeneizado negativamente, por ejemplo, el corruptómetro de la organización “Opcióna” nos muestra que la mayoría de los candidatos para la presidencia de la república, rebasa el 50% en la opinión de las personas mexicanas sobre si son corruptos, (por cierto Enrique Peña Nieto está a la punta con el 72%), lo que quiere decir que la democracia a fuerza de votos no ha podido trascender más allá del simple hecho del poder del dinero. Es cierto que la aparición de nuevos actores en el sistema político, que han dejado las reformas político-electorales han sido un paso de apertura democrática, pero sólo en el sentido de una democracia de aparador, en dónde se puede ver algo con un precio inalcanzable, pero que aun así está al alcance, hablamos de los representantes independientes (aunque ser independientes no implica que ya estén fuera de la estructura del poder basado en dinero o que hayan roto toda relación subjetiva con los intereses de los demás partidos), también hablamos de la participación de las organizaciones de la sociedad civil, que aunque la permanencia de algunas está sujeta al subsidio del gobierno federal, la mayoría tienen que hacer méritos muy grandes para lograr el reconocimiento de las personas y sobre todo para lograr el cambio deseado.
Con esta introspección que acabamos de hacer, nos hace falta decir que es por demás necesario un cambio no sólo en la democracia electoral sino en el régimen, darle coherencia democrática a las instituciones que rigen a la sociedad, es por eso que la importancia de los hechos recientes merece esta columna. La sociedad mexicana ha sido participe de ignorar la importancia de las situaciones, no por una necedad irracional, más bien por la herencia de una cultura autoritaria que nos hace empequeñecer ciertos aspectos que podrían dar un paso democrático, por ejemplo la normalización del plagio o el cumplir con la transparencia inherente de la democracia, no es que no queramos el cambio, es que estamos acostumbrados a permitirlo por cierta indiferencia arraigada en nuestra cultura.
Los comentarios sobre la futilidad de estas situaciones siempre existirán en el discurso de los políticos a quienes no les conviene que algo cambie, recordemos a Vicente Fox cuando dijo que “la ley 3 de 3 es una mamada” o cuando el mismo López Obrador dijo que esa ley no sirve, así también hay comentarios hacia la situación del plagio de EPN, la opinión pública y las redes sociales se han polarizado y algunos reconocen que es un importante caso de principios y valores básicos de cualquier persona, sin embargo muchas personas opinan que la tesis es un mero trámite para terminar la carrera profesional, en el cual el plagio ocurre miles de veces y no pasa nada porque nadie la lee.
Pero es diferente una opinión viniendo del discurso político, por que deviene de intereses profundamente basados en el poder económico y político, de ahí que la negación sea suficiente para ellos, a veces simplemente disputa por el poder, ya que acceden después de un tiempo, el ejemplo más claro está en la declaración pública de Andrés Manuel sobre su “3 de 3”. Por otra parte la opinión del ciudadano está sujeta a imperativos culturales, por lo regular no se le da una importancia en el plano institucional, por que no estamos muy cerca de las instituciones gubernamentales más que para tramitar algunas cosas que no para participar.
Cuando decimos que cosas como estas no tienen importancia estamos negando inconscientemente el tránsito o la consolidación de la democracia mexicana, y lo hemos hecho por años, la prueba fehaciente está en que los problemas con los que nos enfrentamos hoy son problemas que venimos arrastrando de años, López Obrador dice que hay que aplicarle la “3 de 3” a Carlos Salinas de Gortari; Aristegui lanza un reportaje sobre una tesis para una titulación del año 95’, y aún seguimos pensando que son cosas que no importan, por que en democracia liberal solo importa el poder del dinero.
Lo que provoca la democracia liberal es que haya contradicciones, cualquiera puede llegar a ser representante, claro, cualquiera que tenga el dinero y cobije poder. Darle coherencia democrática a las instituciones es deshacerse de las herencias autoritarias pero no solamente respetando la ley al pie de la letra si no introduciéndose en estas para que no signifiquen una pérdida de tiempo, por ejemplo los datos de Opcióna nos dicen que el 42% de la población asocia a la palabra ley con corrupción o algo inexistente.
Démosle un vistazo constitucional a la situación del plagio:
I.     Ser ciudadano mexicano por nacimiento, en pleno goce de sus derechos, hijo de padre o madre mexicanos y haber residido en el país al menos durante veinte años.
II.    Tener 35 años cumplidos al tiempo de la elección;
III.   Haber residido en el país durante todo el año anterior al día de la elección. La ausencia del país hasta por treinta días, no interrumpe la residencia.
IV.   No pertenecer al estado eclesiástico ni ser ministro de algún culto.
V.    No estar en servicio activo, en caso de pertenecer al Ejército, seis meses antes del día de la elección.
VI.   No ser Secretario o subsecretario de Estado, Fiscal General de la República, gobernador de algún estado ni Jefe de Gobierno del Distrito Federal, a menos de que se separe de su puesto seis meses antes del día de la elección; y
VII. No estar comprendido en alguna de las causas de incapacidad establecidas en el artículo 83.
No tiene caso mencionar que tampoco para ser diputados ni presidentes municipales se necesita un consejo de especialistas o tener el grado suficiente de estudios o al menos presentar un examen psicológico para hacernos un criterio de sus valores o ética. Tampoco sería necesario mencionar que no está reglamentado que si tiene una falta ética para cumplir con un grado académico como lo es el plagio, entonces no tiene la facultad ética para ser presidente aun así se tenga una percepción maquiavélica del poder, ya que las estrategias pulcras no están extintas en el juego del poder del Estado moderno. En el terreno de la práctica penal, este caso nos llevaría a categorizarlo como una falta grave cuando se trata de alguien que aspira a la representación en lugar de una falta menor, y en el terreno de la percepción democrática esta falta significa que no se quiere llegar a la representación si no al poder.
Con este ejemplo espero baste para dejar claro que la transición democrática requiere un esfuerzo de comprensión del régimen y no tanto de centrarnos en la fuerza del voto. Lo de la ley “3 de 3” lo dejaremos para otra columna para no alargarnos tanto.

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