385 Grados
Opinión

La otra resistencia… «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo»

La mente omnipresente de los organismos financieros y trasnacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco de México (BM), Banco Interamericano del Desarrollo (BID), la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), y Mexicanos Primero, nos proporcionaron una pauta a seguir, una reforma educativa concebida para el bien del pueblo, impuesta claro, desde la Cámara de Diputados. ¿El bien del pueblo? Seguramente no habremos escuchado bien, pero entre líneas todo el tiempo nos lo han dicho, de hecho, nos lo han repetido tantas veces que alcanza grados de una imposición incuestionable, estamos convencidos de que eso de las reformas así como así, es lo que nos hace falta, que venga lo que sea pero necesitamos el cambio, es más ni siquiera importa si es regresivo, ¡cambia!

Al menos en este sexenio, toda la cuestión ha sido regresiva, somos habitantes de un lugar diametralmente opuesto a la democracia, hoy inhalamos y exhalamos partículas del Despotismo Ilustrado, ese régimen político del siglo XVII que emanaba de sus leyes la ideología imperante, mostrando su capacidad, fuerza absoluta y única del desarrollo del hombre moderno. Las reformas del gobierno mexicano al igual que las de los reformistas prusianos y austriacos de aquel siglo, toman convenientes partes de la ideología que impera, para después fundamentar con ello una reforma a la medida para el “desarrollo”.
Traduzcamos, el nacionalismo mexicano es parte del carácter ideológico del territorio, no importa que choque con la idea del neoliberalismo, las leyes son formuladas para mantener un poco del orgullo nacionalista, por ejemplo, el discurso oficial dice que PEMEX no está privatizado, que la CFE no está en proceso de hacerlo también o que aún mantenemos la soberanía de nuestra educación, pero las reformas siguen una lógica de contrato de venta con organismos que nada tienen que ver con cederle la pertenencia al territorio mexicano, sino, en arrebatarla progresivamente.
A simple vista, una “noble mentira” en aras del desarrollo y el bien del pueblo, o mejor dicho, al menos para mantenerlo estable y sostener las imprescindibles condiciones del modelo económico neoliberal, como la explotación de personas y tierras, el condicionamiento educativo, la precariedad salarial, etc. Toda una forma de concebir el bien ante las adversidades; según la lógica de la fuerza económica, finalmente estas opciones son mejores que nada. El gobierno y los organismos nos dan el derecho de un status social, para mantener el sistema sustentado en el crecimiento económico a base de trabajo individual y esfuerzo, pertrechando así la fuerza que aguanta por debajo de nuestros proveedores de la verdad única y absoluta para el desarrollo, los empresarios y organismos internacionales.

Pero, ¿será esta una buena concepción del bien para el pueblo?, como habíamos dicho, las reformas caen en una suerte de gobierno absolutista, el despotismo ilustrado, en el cual la opinión del pueblo no es tomada a consideración para las reformas que se establecerán. El científico racionalista del siglo XVII, Nicolás de Condorcet aunque siendo de pensamiento liberal, nos da un buen argumento para entender este cuestionamiento, él dice, resumidamente, que el hombre consiente de lo que le hace bien, querrá que las leyes de su país se combinen de forma tal que le procuren la mayor felicidad posible, hablamos de un pueblo que razona bien sobre su felicidad. Sin embargo, no siendo conscientes de tal felicidad la verdad sobre dicha cuestión se diluye en un mar de necedades innecesarias para el bien de todos, provocando que no se ocupe un motivo real para conformar la constitución social perfecta o al menos equilibrada. Digamos que para México, la reforma educativa condiciona el porvenir de muchas generaciones con una versión del bien en la cual el mayor porcentaje de las personas piensa que hay que sobresalir en la vida con un éxito alcanzado por la individualidad del trabajo, importando poco la restricción de los derechos y libertades de otras personas, cuestión que evita que la constitución social sea equilibrada y los conceptos de felicidad sean distorsionados para consentir el prejuicio de la auto explotación y explotación laboral externa como única forma de expandir el bien.
Alto, hagamos un clavado retrospectivo, ¿Porqué para hacer las reformas no se considera al pueblo? En teoría se considera al pueblo mediante los partidos políticos, entes en donde se alberga la representación política de las partes de la sociedad, por gente preparada o “profesional” haciendo política, los políticos; para ser uno de ellos hay que pasar por toda una travesía de traiciones y amistades, compradas o sujetas, lo cual forma nichos de poder, todo esto es un espiral vicioso, pues cuando se llega a votar una ley, las influencias de poder económico se ejercen, haciendo amistades y alianzas entre la clase política, los empresarios y el orden mundial, es decir los organismos internacionales; al final se forma una visión como la del Trasímaco platónico, en la cual la justicia se reduce únicamente al interés del más fuerte.
La visión de justicia, que se nos ha implantado corresponde a la visión del bien acaecida sobre el pueblo, y en tanto se mantenga está visión distorsionada del bien que sólo polariza a la sociedad tanto económica como políticamente, el poder de propiciar las verdades morales de la clase política o burguesa sobre el pueblo, creará un tipo de constitución social conformada por opresores y oprimidos, llevando a segundo término los intereses del pueblo en general en la toma de decisiones.

Related posts

Aquí Xicohténcatl… Focos rojos, se pierden más de 3 mil empleos

Redacción 385

PRONTO: Entre la ilegalidad y la competencia

385 Grados

Todas Caben… Con Bibián Ordáz Llánes

Redacción 385

Leave a Comment