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Opinión

Apuntes… Con Claudio Cirio Romero

Fidel 90

Noventa años de edad acaba de cumplir el 13 de agosto pasado, Fidel Castro y en la Isla de Cuba y en muchas partes del mundo lo han celebrado, es decir conmemorado, pero sobre todo festejado.
Yo pienso en mi padre que cumplió 88 años a finales de junio pasado (nació igual que El Ché en 1928) y pienso que el verlo lúcido es sencillamente festejable o, si me perdonan el sentimentalismo, hasta agradecible.
Sin embargo en el caso del líder de la Revolución cubana, hay quienes elegantemente crueles, valiéndose de recursos periodístico o literarios, prácticamente les molesta que siga vivo y ven en su reciente aparición pública una “despedida”. Como si su desaparición física, que llegará indudablemente, fuera la desaparición de su legado político e histórico.
Hay quienes a esta edad o hace diez años, distorsionan su imagen y quieren imaginarlo decrépito, como un castigo que consideran, casi siempre superficialmente, se merece. Los videos de su presencia en el Teatro Carlos Marx, en la presentación de la compañía de teatro infantil “La Colmenita” lo muestran sin embargo integro al lado del Presidente Maduro de Venezuela.
Ya no con el traje verde olivo al que nos acostumbró, sino más bien con ropa holgada, deportiva, aparece, con paso lento, algo encorvado, pero con el semblante del Comandante que se sabe aun moralmente al frente de una nación que en varios terrenos, pese a las circunstancias le ha dado enseñanzas al mundo. Pensemos sólo en el combate al ébola que recientemente han dado sus médicos en África.
Repito, pienso en mi propio padre y veo en Fidel al padre que los cubanos de muchas generaciones han querido sentir. Con todo lo que de contradictoria esa figura tiene, pero que hipócritamente se calla, para un hijo.
Es así, si tomo un solo caso y lo comparto con quien lee estas líneas. Cuenta Joaquín Sabina, en la biografía escrita por Javier Menéndez Flores, Sabina en carne viva (Ediciones B, 2006), que una amiga, al ver que Carlos Varela “blasfemaba un poquito” sobre la situación cubana, le pregunta “Sí es todo así, tan malo, ¿por qué no matáis a Fidel?” La respuesta de trovador fue levantarse de un salto y gritar “¿Cómo? ¡Fidel es mi padre!” Dicho ello por alguien que, sigue Sabina, “no es ni mucho menos el más castrista del mundo, sino bandera de la disidencia interna.” Parece que alguna vez Fidel preguntó por qué ese chico siempre va vestido de negro, ante lo que Carlos dice le habría respondido “Y tú ¿por qué vas vestido siempre de verde olivo?”
En 1997 que pude visitar La Habana, constate ese fervor popular por Fidel Castro. Los críticos del sistema político cubano, al estilo de la blogera cubana Yoani Sánchez, lo siguen llamando, trasnochadamente pienso yo, “culto a la personalidad”.
Relaciono esto con lo que ha escrito Castro en su reflexión más reciente para el diario “Grandma”, titulada “El cumpleaños”, precisamente porque es, increíblemente, la figura paterna la que rememora a sus nueve décadas de vida: “En una ocasión acompañé a mi padre a Pinares de Mayarí. Yo tenía entonces ocho o nueve años. ¡Cómo le gustaba conversar cuando salía de la casa de Birán! Allí era el dueño de las tierras donde se plantaba caña, pastos y otros cultivos de la agricultura.”
Sabemos que hay tanta gente que no soporta a Fidel dentro de la misma isla, pero curioso es lo que pasa con ello. Cuenta Sabina, en el libro mencionado, que uno de ellos es Lázaro, mayordomo de Pablo Milanés, quien cuenta: “siempre que Fidel sale en televisión… cambio de canal.” Y ante la pregunta de por qué lo hace, contesta: “¡Pues porque me convence!”
Mucha información hay, a favor y en contra de Fidel Castro, pero entre todo ese mar, considero que el libro Cien horas con Fidel (2006), del periodista francés Ignacio Ramonet, es una buena piscina para bucear un poco de esa vida. Por ejemplo, respecto a que en realidad ha vivido en medio de la riqueza, le asegura el Comandante al periodista: “Tendré la gloria de morir sin una divisa convertible. Millones me han ofrecido por escribir memorias y libros, pero nunca lo he hecho.”
Nota al margen. ¿Será posible que nuestros diputados federales por Tlaxcala puedan actualizar su declaración 3de3, principalmente la declaración patrimonial, para que los ciudadanos comunes, constatemos que no se enriquecen ilícitamente? Pregunto y espero sobre todo que mis amigos Ricardo García Portilla y Anabel Alvarado lo puedan hacer. Gracias.
e- mail: ccirior@yahoo.com.mx
Twitter: @ccirior

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