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Opinión 385… Nuestro mal humor

Bibián Ordáz Llánes

-¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo te va?

-¡Hola! Bien gracias. Pues ahí la llevamos, pasándola. Y tú ¿cómo estás? ¿Cómo te va?
-También bien, gracias. Pues mira, más o menos, pero no me puedo quejar, así como están las cosas creo que ahí la llevo también.

Así saludamos cuando nos reencontramos con alguna amiga o amigo. Pero si la plática se extiende un poco más, comienzan a salir las quejas, que si los gasolinazos, que el aguacate está muy caro; que los asaltos y robos están a la orden del día. O la goliza de siete a cero que enmendó la selección de futbol de Chile a la nuestra en la pasada Copa América Centenario.
Sin pasar por alto la pena ajena que escenificó el presidente Peña Nieto en su reciente visita de Estado a Canadá, cuando luego de la fotografía oficial de la cumbre conocida como Los Tres Amigos, el Primer Ministro Justin Trudeau y el mandatario estadounidense Barack Obama deciden quedarse unos momentos para observar el Parlamento y darle la oportunidad a los fotógrafos de retratar otra perspectiva. Peña Nieto debió volver sobre sus pasos para no quedar fuera de la escena.
Esto sin dejar de lado temas como la impunidad, la crisis de Derechos Humanos, la corrupción, el crimen organizado y la pobreza.
Y así, aquel simple saludo, luego de unos minutos de charla, se convierte en enojo, en mal humor social, como fue catalogado por el propio Peña Nieto en abril pasado. Y que luego dijo no saber los motivos por el que los ciudadanos estamos así.
Ese mal humor social se ve reflejado en las redes sociales. Ahí existen cientos de miles de comentarios, y de los llamados memes que expresan la inconformidad ciudadana respecto de la situación política, económica y social que vivimos a diario.
Para algunos analistas el mal humor social brincó de las redes sociales y fue una de las causas por las que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), perdiera bastiones electorales en los pasados comicios del 5 de junio. El ejemplo más claro de esto es el gobernador veracruzano Javier Duarte, quien es impresentable y que debió salir por la puerta de atrás hace un año, pero lo sostuvieron contra viento y marea.
Todo mundo hemos sido presa alguna vez del mal humor: no queremos saber de nada, todo nos irrita y desespera, sentimos que nadie nos comprende ni nos toma en cuenta, y muchas veces pegamos de gritos y hacemos y decimos cosas agresivas, o nos aislamos o hacemos la ley del hielo con todo eso que nos impide ser, hacer o tener lo que queremos.
Nos sentimos tensos y agobiados por trabajo o presiones. No tenemos tiempo, dinero o espacio para lo que se quiere hacer o comprar lo que se quiere comprar. Nos sentimos encerrado en alguna rutina que ya no gusta ni satisface. No dormimos bien. No comemos bien. Trabajamos en exceso, y un largo etcétera.
Pero ¿hasta cuándo los ciudadanos de este país seguiremos con ese mal humor? En el ámbito personal ese estado de ánimo se puede controlar y con algunas técnicas de relajación y de autoestima podemos superarlo.
Sin embargo, en la esfera de lo colectivo suena difícil, porque somos más de 100 millones de mexicanos que en algún momento nos sentimos frustrados, impotentes ante la creciente impunidad, corrupción y demás flagelos que nos afectan en lo personal y dañan nuestra relación con la autoridad.
Cierto es que las autoridades mexicanas tienen gran parte de responsabilidad en que estemos de mal humor, pero no son los únicos. Los ciudadanos, todas y todos, tenemos parte de esa culpa. Porque a sabiendas de que gran fracción de la clase política de este país actúa por intereses propios y en tiempos electorales prometen el paraíso, muchos siguen votando por los mismos sin importar que se presenten con colores distintos.
Es preciso que ese malestar que expresamos en facebook, en twitter y en las demás redes sociales, lo saquemos de ahí y lo transformemos en acciones concretas, como exigir cuentas del dinero que administran los gobernantes; que la ley se aplique sin distingos.
No se trata de salir a pelearnos o hacer disturbios callejeros, se trata de mostrar nuestra inconformidad de forma fehaciente para que la autoridad entienda que el camino de la impunidad, la corrupción y la inseguridad no construyen futuro.
Pero sobre todo, comenzar a ser ciudadanos responsables, honestos, solidarios. Porque si cambiamos nosotros podemos cambiar nuestro entorno. Porque solo siendo y actuando así lograremos cambiar, con nuestro sufragio, a los gobernantes.
Recuerden que: “El mal humor nos hace muy pequeños”. Doménico Cieri Estrada

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